De verdad

A diferencia de la gente que protesta a diario, yo suelo protestar una vez al mes por escrito o no, cuando mis hormonas se revolucionan por los recovecos menstruales plenamente activos para mí ,aunque ya transite mi otoño personal.

En estos días previos me encuentro mejor sola, porque es cuando mi lengua se suelta sin remedio y discuto con quien se me ponga por delante, amigo e enemigo, y es más, tengo ganas de discutir, que es lo malo. En estos días doy rienda suelta a mis molestias enquistadas durante el mes y enumero:

Me molestan los modernos y modernas de turno, esos que dan lecciones de modernidad a los que ya un día, hace muchos años, salimos demasiado jóvenes a explorar el mundo y venimos de vuelta de muchas mentiras, desconciertos y  campañas publicitarias de todo tipo. Estos modernos son los mismos que entonces eran unos soberanos y soberanas horteras. Qué triste… y hay que callarse porque acaban de descubrir ciertas cosas que a ti ya te rechinan de viejas, deshuesadas y marchitas, pero que han vuelto a resurgir para gusto de los borregos y borregas actuales. Patético. Tengo que decirlo, al menos una vez. Sois tan aburridas y aburridos, dais tanto la pelma. Qué desfase…

Me molesta la gente que, funcionaria como yo,  no deja de protestar en el trabajo fijo que tienen. A a mí me gusta el mío. Somos afortunados por tener un trabajo y un sueldo en un país en condiciones deplorables. Podemos buscar soluciones ¿no? y dejar de ensombrecer la vida de los que vamos a trabajar con ilusión. Me destroza la gente que destruye las ilusiones de los demás. Id al médico, por favor. No es mala solución, o a un paramédico, o naturalista o lo que os venga en gana, pero dejad de dar por saco. Hay gente pasándolo fatal.

Me molestan mis discusiones sobre el machismo, reiteradas, una y otra vez con diferentes personas  y me he jurado no volver a hablar del tema. Me destruyo, me deprimo, porque todo es publicidad, en la esencia nunca nos ponemos de acuerdo. España es machista. Es lo que hay. Y es lo que pasa… y pasará si la educación no cambia.

Me molestan algunos  jóvenes con los que me topo, y que demuestran  una enorme  falta de principios, sin conocimiento de humanidades, sin empatía social, no con falta de formación académica, de eso les sobra, bla bla, bla,  sino la del sentido común, la que nos hace personas, la que nos dice dentro de nosotros que no, que eso no se puede hacer por pura humanidad. Pero son jóvenes… ¿ es excusa? Todos somos responsables. Digo yo.. y van a votar…

Los títulos no son todo, ¿ qué es este engaño? A veces sirven para lo mismo que el papel higiénico. O menos, porque da pena sacarlos del tubito donde se pudrirán para siempre. Títulos, títulos… papel. Antes de sacarse un título hay que aprender a leer…

De verdad. Estamos dormidos.

Mona Trad D

Mona Trad Dabaji

 

 

 

Transdiabetes, cáceres 2015

Hoy fue un día inolvidable.  Pasamos nuestro aro llegado de Cádiz, por la Ciudad Monumental y subimos al Santuario de la Virgen de la Montaña, cada uno como pudo (corriendo, andando, en bici, skate) Tuve la suerte, gracias a la invitación de mi amiga  y  casi hermana dulce, Montse, de leer  y compartir con todos los amigos y amigas dulces el cuento: Dulcelina y la fuente de la vida, que escribí hace dos años ,que se publicó en Letras Cascabeleras, y que tengo dedicado a todas las personas que escalan diariamente las montañas escarpadas de “las agujas”. Ha sido un día de convivencia inolvidable. Dejo aquí un  recuerdo del hoy, la imagen de mi hija y mía. Es la primera vez en seis años, que pongo nuestro rostro en el blog. Creo que lo hago por una buena causa, para dar voz, y luz a este problema con el que luchan diariamente muchos niños y niñas, y sus familias, siendo nuestros pequeños héroes y heroínas anónimos. Informémonos por favor, que no  hagan sufrir a estos niños y niñas por ignorancia. Dejo nuestra imagen porque mi hija ha sido una de esas niñas que ahora es una mujer luchadora. ¡Mucha fuerza para todos los que compartimos el círculo azul! No estamos sol@s.

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Margarita

Me contaron cómo sufriste su muerte. Con una amargura viuda, que no cabía en tus treinta y cuatro años. Nunca dijiste una sola palabra mala sobre él, y sin embargo, me dijeron que te hizo infeliz de muchas formas. Fuiste vendiendo los pendientes y la gargantilla para comprar sus medicinas, pero fue inútil. Aquella fue una noche larga y negra, con tus hijos compartiendo el dolor, asustados. Una de aquellas niñas, no lo superó nunca. Los más pequeños, sin embargo, sobrevivieron bien al dolor, con su poca conciencia de la vida y mucha infancia para olvidar la muerte. Los años posteriores fueron aún más duros. Hubo que emigrar a la ciudad. Venderlo todo. Me contaron que antes lo intentaste de mil maneras, incluso con aquellos paquetitos de café y azúcar de estraperlo. Tan pequeños, que solo daban casi para un café. Me han dicho que nunca te rendiste. Sólo en los últimos años, te vi con pesadillas.Temías el final, rodeada por los fantasmas de tantos a los que viste irse. Porque tú no querías irte, tú eras una raíz profunda en esta tierra. Yo te adoraba, tan pequeña que eras de vieja, y sin embargo, tan grande… Margarita.

Santiago Rusiñol

Santiago Rusiñol

Pescando “prontos” pasados

Hace unos días,  una vieja amiga y yo nos encontramos comprando. Nos besamos entonces, y nos saludamos entre el agobio de la gente, los estantes del comercio, y nuestras bolsas de tomates y verduras. Así es que decidimos aparcar las bolsas en el bar de enfrente y tomarnos unas cañas de cerveza con las que terminamos pescando recuerdos…. Pude así asistir al relato de algunas anécdotas sobre mí misma, que ya había depositado en el fondo de algún rincón de mi memoria. Pero en una anécdota que me relató, pude descubrir a aquella joven madre impetuosa que fui, y que quizás siga siendo:

Ocurrió que una señora de afianzadas creencias religiosas pero de oscuras intenciones terrenales, quiso despreciar a uno de mis hijos, que entonces eran muy pequeños, ofreciéndoles a todos los niños de aquella reunión quinientas pesetas,( sí, hace ya muchos años…) y excluyendo a uno de mis hijos, haciendo ver que no era aceptado por ella. Como una leona, acudí, rompí el billete en dos, ante la mirada de la señora, y ofrecí la mitad a cada uno de mis peques que, encantados, tomaron la mitad como un tesoro, porque aún no conocían el valor del dinero, de tan pequeños que eran.”Gracias señora, pero yo tengo dos hijos”, dije… Y es por eso que dicen que tengo un “pronto” fuerte. Pero no acumulo rencores… porque ni siquiera me acordaba, a no ser con la ayuda de esas cañas que me hicieron pescar este “pronto”, en el pasado de mi maternidad.

Maternidad. Roberto Pizano

Maternidad. Roberto Pizano

LA HORA DE…

Este verano singular salpicado de pequeños respiros, nos despertó un día soleado bajo el techo antiguo de un hotel rural. Muy lentamente pude despedirme de las sábanas blancas y almibaradas, tras la cálida noche. Ante mis ojos, un portón de madera se abría al balcón debajo del cual había un jardín poblado de flores. Descalza, puse los pies en las losas ardientes del balcón  y me tumbé en una hamaca , con medio cuerpo en la sombra, los rayos del sol sobre mi piernas, y un libro entre las manos. Puse nombre a ese momento para no olvidarlo. Pero el estómago pronto me pidió algo más. Bajamos presurosos a desayunar a la cafetería más cercana, pero eran más de las doce: “No, ya no es hora de desayuno”, dijo el camarero malhumorado. Imagino que mis mejillas sonrosadas y la luz de mis ojos le molestaron. Quizás no sabe que madrugo cada día durante el año. Aun así, seguimos esperando durante unos segundos, tras los cuales dijo: ” Venga, ¿qué quieren?”

A menudo, hablamos sobre ello. Sobre la estúpida división de horarios en algunas partes de mi país. Hora de desayuno, hora de café, hora de cena. No hablo de horarios  o turnos de trabajo que hay que respetar. Hablo de esos camareros o camareras que ante una petición miran la hora, a ver si estás tomando lo “correcto” No puede menos que salirnos una sonrisa cómplice, un guiño a lo absurdo, y esperar a la decisión del juez de turno. ¿Acaso es obligatorio desayunar antes de las doce en vacaciones? ¿No podemos tomarnos un café en lugar de una caña a las dos de la tarde? Más de una vez, tras mirar el reloj,  nos han dicho que no, que ya no es hora de café. Es hora de cañas. Ah, gracias, mañana procuraré  dormír de un tirón, no disfrutar de la noche y madrugar….y a las doce,sin falta,  pediremos cañas.

Hoy leí la anécdota de Ana María Matute, que pidió un gin tonic y le dijeron que no, que ya no era hora. Ella contestó: “¿Acaso hay una hora para ser feliz? ”

Feng Chiang-Jiang

Feng Chiang-Jiang

 

 

 

Mis abuelas

Levantarse temprano para caminar por el campo, escribir, meditar, o viajar, no me cuesta nada. Pero hacerlo para continuar con la limpieza de mi  cocina, por ejemplo,  me resulta difícil. Voy sintiendo la respiración que se acelera con el solo pensamiento del detergente. Esa actividad con tan poco glamour es una ruina en mi sistema nervioso, así es que ,cuando me pasa, cuando ocurre que no quiero despertarme para hacer eso, me remonto a mis orígenes “aristocráticos” y eso me da fuerzas para empezar. Pienso, entonces, en una de mis abuelas que, como trabajo añadido, era lavandera para un hotel. Cargaba con enormes cestos de sábanas blancas que llevaba al lavadero, para trabajárselas con sus manos,  y  que después entregaba inmaculadamente blancas y planchadas, en un tiempo record. Los dueños del hotel miraban las sábanas al trasluz, y solo después, pagaban. Mi otra abuela, se encontró siendo viuda con treinta y cuatro años y tres hijos pequeños. Así es que, aunque era pequeñita, salió peleona y los sacó adelante con muchos sudores… La sola imagen de mis abuelas me da fuerzas para no protestar por nada en la vida. Entonces… con ellas dos en el pensamiento, hago mi zumo natural con el exprimidor eléctrico,  me preparo una tetera, abro las ventanas para que entre la brisa de la mañana… y me dispongo a ese “gran trabajo” . Miro hacia arriba y digo: ” Sé que esto no es nada, abuelas, no os riáis de mí, pero, de todos modos, va por vosotras”. Me pongo los guantes de goma y comienzo…muy consciente de que en estos tiempos, soy una privilegiada. Es mi casa.

Lavanderas. Eugenio Hermoso

Lavanderas. Eugenio Hermoso