Animalitos

Hoy ofrecí nuestra cobaya de pelo largo, en adopción, a una familia. Me alegré de poder, al fin, tomar este tipo de decisiones “maduras” que nos devolverán más tiempo e higiene. Al rato de ofrecerla, abrí de nuevo la puerta del coche para decirle a mi amiga, que la daría solamente, si iba a un buen “hogar”. Y volví a alegrarme por poder tomar ya una decisión de mujer curtida en estos temas que antes me afectaban tanto. A  las once de la noche, sin embargo,  me sorprendí a mí misma ofreciendo trocitos de pera a mi amiga de pelo largo y jurándole que nunca la abandonaría. Efectivamente, a mi edad, ya soy una mujer “curtida”, capaz de tomar decisiones sin implicar demasiado los sentimientos. Es evidente…

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El cielo de agosto

Es posible necesitar gafas de luna. Esta noche lo descubrimos cuando su intensidad nos deslumbró. Fue al cerrar los ojos cuando sentí cómo unas grandes olas surgidas del lago se acercaban a nosotros. Entonces, me retiraste el pañuelo, dejándolo caer sobre mis hombros, para que prestara atención y descubriera que no eran olas lo que escuchábamos, sino las hojas de los árboles que movían sus ramas tapando, a veces, la luz y creando sombras sonoras en nuestros rostros. Y que nuestra barca no era sino un enorme canchal en medio de un paisaje lunar al borde de un lago en calma.  Pero ya sabes que mi fantasía es más grande que mis orejas. Por eso volví a ponerme el pañuelo, y entre tanta belleza, te seguí contando…y buscando lágrimas fugaces entre las estrellas de agosto, para poder
pedirles juntos esos deseos que guardamos celosamente durante todo el año, solo para ellas.

Pareja enamorada y abrazada contemplando el mar y la noche estrellada desde un banco de piedra. Embezeta

Pareja enamorada y abrazada contemplando el mar y la noche estrellada desde un banco de piedra. Embezeta

La escogida

He entrado en la tienda a comprar un objeto anodino y práctico, pero he salido de ella con una pequeña maceta también.Mi pequeña maceta estaba, junto a otras, en un estante de plantas donde también había botes de fertilizantes y semillas. Ella era igual a todas las demás que compartían el mismo espacio, todas ordenadas, unas delante y otras detrás. Al principio, elegí una más pequeña, pero de pronto, observé que muy cerca había otra más frondosa y verde. Dejé la que tenía en las manos y la cambié por la grande. Me dirigía ya a pagar, cuando sentí las punzadas de la imaginación haciéndome cosquillas entre las manos. Imaginé a mi planta saltando de alegría porque había sido “adoptada” para ir a una casa, mientras que sus hermanas se quedaban expectantes en busca de un destino aún incierto: algún regalo, algún capricho. Las imaginé diciéndose adiós con sus hojitas verdes, y deseándose una buena vida. Tanto me conté la historia que casi me siento mal por haber escogido la mejor. Desde ese momento, comencé a pensar en un próximo cuento infantil…Y es que, a veces, las historias me asaltan hasta haciendo la compra.

Childe Hassam (1859-1935)  Geraniums

Childe Hassam (1859-1935) Geraniums

¡Vida!

No solo familia humana, también una perra, una gata, un conejillo de indias, un bonsai y varias macetas. Cuando la casa suena a vida, cuando las sillas se llenan alrededor de la mesa,  me siento bien. Cuando me asomo a la ventana, y veo las ramas crecer, me siento bien. Mi casa me produce satisfacción. Por lo demás, todo es muy sencillo, simple y práctico. Creo que un hogar es algo tan grande que no cabe entre las cuatro paredes de una casa.

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Perdido en la noche

Estaba a los pies del contenedor de cartones. Lo miré fijamente y no podía creérmelo. Estaba vivo, y parecía pedirme auxilio desde el fondo de una gran bolsa de plástico. Miré sus hojitas verdes, mezcladas con algunas secas, la tierra sedienta y agrietada, el tronco dolorido,  y no dudé. Lo monté en el maletero del coche y me lo traje a casa. La última vez que rescaté a un ser  herido de la basura, se trató de un laúd. Las sabias manos de mi tío Teófilo lo devolvieron a la vida, y ahora, es un instrumento con un alma que vibra. Esta semana se trató de un ser muy hermoso. Está bastante desvalido. He podado algunas ramitas secas, lo he regado y he pulverizado con agua fresca las pocas ramas que tiene. No tengo ni idea de cómo se cuida un bonsai y mucho menos, uno herido y abandonado, pero voy a intentarlo. Imagino que si ha llegado a mí, es por alguna razón que iré descubriendo. Bienvenido a casa.

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El mapamundi

Hay niños  rubios y blancos. Tienen casas blancas, almas blancas, vidas blancas. Conciencias blancas. Libertades blancas para respirar en grandes espacios, disfrutar de la naturaleza, los animales, el cariño blanco como nube de algodón que les protege en  su sociedad blanca y perfumada de azúcar.

El mapa se va ensombreciendo hacia abajo.  Los niños son más dorados. Tienen casas más oscuras, almas más sombrías, vidas menos blancas. Libertades recién estrenadas, recortadas, o inexistentes. Pequeños espacios, con más alimañas que mascotas, cariños más pasionales y menos protectores, con esencias de caramelo líquido,  como lágrimas negras de penas antiguas, en sociedades menos blancas y más tostadas de azúcar moreno.

Yerbabuena

Mi planta de yerbabuena estaba muerta. A su lado se mostraban resplandecientes las otras dos macetas que plantamos mi hijo y yo hace unas semanas. Eran unos regalos de una amiga, pero la yerbabuena no sobrevivió al trasplante, desde el fresco y dulce jardín de mi amiga, al humilde alféizar de una de mis ventanas. Aun así he seguido regándola, más por filosofía de la perseverancia que por esperanzas reales. Las hojas se iban secando y arrugando, se han ido cayendo poco a poco, y yo he seguido regándola y hablándole como a las otras plantas. Esta mañana me sorprendió un pequeño brote verde cerca de la tierra. Me ha hecho tanta ilusión como si hubiera visto una pradera. Me he quedado absorta mirándolo: tan vivo, tan verde, tan  pequeño y con tanta fuerza. He sonreído. Porque llevo practicando toda mi vida este tipo de perseverancia, ante la mirada impasible de los demás. Yo creo en los milagros. Es decir, en los frutos de la constancia.

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