El umbral

La irritación, el enfado, tienen un umbral parecido al del dolor. Mi lista de agravios pasados es tan larga y tan grande que, a estas alturas, mi umbral de la irritación es muy alto. Me invade la indiferencia ante muchas sandeces cotidianas y vulgares en las que, a veces, me veo envuelta. ¡Qué lujo enfadarse por eso ! Muchas cosas, quizás demasiadas… a mí me dejan impasible. Indiferente.

¿ Es este un paso a la madurez más profunda? ¿ Me he vuelto extremadamente gélida?Mi lista de prioridades y necesidades se acorta.  Da igual, pienses lo que pienses, te aseguro que no me voy a enfadar… Antes, valoraré si merece la pena, y… tengo  asuntos importantes en los qué pensar…

 

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La caja sonora

Pues sí… cuando ellos no están, la casa se convierte en una enorme caja de resonancia. He descubierto que los electrodomésticos susurran, que hay conversaciones que llegan desde la acera. Las pisadas también suenan, fuera y dentro, dependiendo de si llevo o no, zapatillas. Me escucho en una película: el sonido de la servilleta de papel que se rasga, la puerta que se abre, el gato que araña su caja.  Vierto la leche en la taza  y una cascada de sonido lácteo me despierta por las mañanas. El reloj del estudio es de pilas, tiene aún números y resulta que hace tic-tac. Lo hará desde siempre, imagino, pero hasta ahora no lo he descubierto. Hace la pila de años que no me escuchaba… Eso sí, cuando ellos llegan, engullen y a la vez dan sentido al  silencio y  a su lenguaje oculto. Son mi música.

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Anormal

Me gustan todo lo anormal,

lo paranormal, lo subnormal,

lo poco normal, retronormal,

los niños y las niñas

de la fila de atrás.

Los pájaros que reptan

los peces voladores

los perritos sin raza

los desahuciados

los gatos callejeros

las caperucitas verdes

las flores que no son flores

las mujeres libres

los hombres sensibles

las madres que juegan

los niños felices.

Me gusta lo anormal,

la libertad en el techo,

en el suelo,

las manos sin cadenas.

El sexo con deseo

el amor de veras.

Me gusta mi cuerpo

mis anchas caderas.

Y es lo que hay…

Samad Ghorbanzadeh

Samad Ghorbanzadeh

 

 

 

 

La guerra y la paz

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Logo: DENIP Eulogio Díaz del Corral

“La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian, se matan entre sí por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero que no se matan”.

Esta frase fue rehecha por Erich Hartmann, a partir de otra de Paul Valery , que decía que la guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen pero que no se masacran.

Hoy es el día escolar de la paz y la no violencia. Habrá que reflexionar.

 

 

Meridiano

Pronto cumpliré 48 años. Me encuentro cerca del meridiano, y eso con mucha suerte. Tengo una sensación de vértigo, y me acuerdo mucho de las palabras que escuchaba en la infancia: “Volvería para atrás pero con lo sabido, sabido.” ¡Lo que me costó averiguar el significado de esas palabras! Aún no tengo muy claro si yo haría lo mismo. No. Nunca volvería hacia atrás. Miro el camino sembrado de errores y hasta de ellos me han salido frutos sabrosos.

Me siento yo misma  como una fruta madura, más tierna y dulce, más comprensiva y menos rígida. Miro hacia atrás y me doy miedo: exigente conmigo misma hasta la extenuación, e igual de exigente con los demás. No. Nunca volvería hacia atrás. Adoro mis nuevas imperfecciones, mis descuidos con la casa, mi tolerancia conmigo misma que me lleva a la comprensión de los demás. Mi cuerpo más cálido y sabio, más mullido y redondo como una luna luminosa. Me siento mejor madre, más imperfecta pero más amorosa. Mejor compañera, mejor amante.

Sí, el espejo me devuelve una imagen diferente a la de la foto del aparador. Dieciocho años en eterna sonrisa y belleza. Pienso en mí entonces…No, nunca volvería hacia atrás. Nunca.

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Una piedra en el camino

Buenas noches a todos, pido disculpas por responder  tardíamente a los  comentarios, y por la desconexión temporal, que me ha hecho no actualizar aún algunos premios de los amigos  y amigas blogueros y no leerles lo que desearía.

Digamos que, a la vez que  presenté en el mes de febrero  mi  Escaletra, tuve, lo que se dice… una piedra en el camino. He estado muy ocupada resolviendo cómo saltarla y parece que, al final, he podido pasar  por encima de esa piedra y de otras que la rodeaban. Cada obstáculo en el camino te hace más fuerte…aunque yo estoy un poco cansada. Hay gente que nace para ser civil, y yo, parece que nací para ser soldado de la vida.

Hoy vengo de recitar con un grupo de amigos y amigas, también de hacer la práctica de mi máster de Músicoterapia. Y de mi último seminario en el máster, con médico y musicoterapéuta, Aitor Loroño, con el que estoy en desacuerdo en muchas cosas, de las que más adelante escribiré detenidamente.

Pronto presentaré mi Escaletra  Fantástica en la Feria del Libro de Trujillo. Es decir, la vida se ríe de mí, pero también me sonríe. La vida es pícara y revoltosa, caprichosa e imprevisible.

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Una madre normal

Hoy leía en la red un artículo sobre una supermadre, que se ha hecho famosa porque fomenta la independencia de sus hijos. Vale. Me suena igual que el sexo en una “peli porno”. Todo es  fantástico para alguna gente “super” , y la realidad es que cada uno y cada una, somos madres y somos personas como podemos, y la vida nos deja serlo. No sé cómo se puede ser una madre super nada, cuando te has pasado la vida trabajando y llevando horarios imposibles hasta conseguir poner en orden una vida estable. Cómo se puede atender a las necesidades emocionales cuando las tuyas han luchado por sobrevivir al caos de la ausencia de una familia estable. Cómo ser todo esto que te exigen ser cuando has luchado sola  en una sociedad fiera que no te perdona un fallo. Soy la madre que he podido ser, he hecho lo que estaba en mi mano. Hay errores y hay aciertos. Dejadnos ser humanas, por favor. Dejadnos en paz con ese rollo de las supermamás, superprofesionales, superesposas. Lo único que soy es humana. Amo a mis hijos y hago lo que puedo. No puedo ni  quiero ser una mujer “súper”. Tengo ganas de vomitar.

madre luna

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