Una rosa al escribir

Hay pequeños placeres que solo me puedo permitir en verano: bajar las persianas, sentir la claridad de la mañana, y escribir.Puedo hacerlo en cualquier parte, pero si  siento al lado el sueño de los que amo, y además, me han regalado  una rosa, y la miro… las letras surgen con más belleza, y hasta las hojas de papel o la pantalla del ordenador, despiden aromas diferentes.

 

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Mnemosyne

Surgieron los recuerdos. Estaban ordenados, seleccionados, e incluso tenían un nombre. Tragó saliva y pestañeó, apretando con fuerza las mandíbulas y tratando de no dejarse llevar por las emociones. Cada imagen le devolvía a una época y a un lugar. Cada rostro a un pasado sin nombre. El eco de muchas palabras entremezcladas se sumó a la orquesta de la memoria, haciéndola temblar. Podía acabar con aquello en un instante, o podía continuar con su mortífero efecto sobre los sentimientos más profundos. Quizás tomara la misma solución de muchos, acabar con todo, destruir aquella vida llena de insatisfacciones. Aquel pasado mortal. Entonces decidió que sí, que lo haría. Se armó de valor. Dos gruesas lágrimas le recorrieron las mejillas acabando en el surco de sus labios. Chupó el dolor y se despidió de todo. Seleccionó las imágenes en la pantalla y apretó el dedo en el ratón: Eliminar.

Gabriel Dante Rosetti. Menmosyne

La calle de las conchas

Todo comenzó de la manera más tonta, como un juego improvisado de niños: una mañana soleada, un día alegre de pesca, la tormenta, la tempestad,  oscuridad y silencio.

La isla era pequeña, un punto en el inmenso océano, pero aquel náufrago la transformó para él mismo y para su placer, en su calle favorita: la calle de las conchas; un solitario paseo de arena en el que enterrar los huérfanos pensamientos que poco a poco se hacían más absurdos, más lentamente humedecidos por la locura de la soledad del mar.

En medio de un voraz silencio, crecía el espejismo de su mente cada vez más teñida de fantasmas, y soñaba noche a noche con ser el sereno de esa calle en la que ningún vecino dormía, porque todos se despertaban a media luz, aullando gritos de insominio dolorido y suplicando llaves ocultas en algún fondo marino, que el sereno de la calle de las conchas no podía devolverles.

Apenas lograba dormir al amanecer, y es entonces cuando mecido por los recuerdos, navegaba en aquel pequeño barco pesquero del que un día fue lanzado a la deriva. Veía entre brumas los rostros de sus amigos, su familia, su padre, aquel viejo pescador de barba roja y rizada que, mientras fumaba su pipa, le fue enseñando los entresijos del oficio.

Cómo llegó a aquella isla no lo comprendía. Su pueblo estaba cerca del mar ¿ Qué fue de él? ¿qué fue de su barco pesquero? ¿Qué había ocurrido con el tiempo, su pasado, su futuro, las horas? Al despertar, con el sol cegándole los ojos, miraba al mar, ya en calma, y procuraba seguir siendo humano, sonreir al horizonte. Aunque lo sabía, sabía que sonreir a veces no es nada fácil, por eso hay que mirar la hora para ocupar esos segundos . Pero no había reloj que maracara ya su tiempo. El día, la noche, su cuerpo y el mar le habían arrebatado la cordura. 

 Esa noche decidió caminar hacia las olas, ir a buscar las llaves que no podía entregarle al viento. Caminó despacio, con la espuma lamiéndole los pies, y se fue adentrando en otra calle más húmeda y profunda, más ancha, más honda …hasta que ya no quedó ni un punto de él.

Atrás dejó, tendidas en la arena, las horas perdidas, los pensamientos mojados, la soledad acartonada por el sol y la arena; sus pocas pertenencias desparramadas por  la playa, ahora desierta.

Todo quedó así, como una baraja después de la partida: silenciosa y culpable.

(Este texto es un ejercicio de escritura consistente en improvisar una historia con personajes y objetos elegidos al azar. En suerte me tocó: sereno, barco pesquero y pipa.  Las frases que pongo  en cursiva, también  nos venían dadas.  Escribirlo  fue muy divertido, así es que  lo comparto también aquí).

Mi querido Dostoievski

                                                 

 El escritor cacereño Francisco Rodríguez Criado publica una nueva novela: Mi querido Dostoievski. Este escritor es además, profesor de talleres literarios y corrector de estilo. Algunos de sus alumnos ya han cosechado éxitos en distintos concursos y certámenes y  también muchos de los que nos iniciamos en la aventura de crear un blog, en mi caso como forma paralela de expresión, lo hicimos a partir de realizar con él algunos talleres de escritura en la biblioteca Pública de Cáceres. Le deseo todo lo mejor en esta nueva novela. Podéis encontrar más sobre él  y su libro en : www.narrativabreve.com 

¡Enhorabuena de nuevo, profe!

BLANCA

  Su llanto le desarma. A veces no sabe cómo calmarla. Le acaricia las frágiles  y pequeñas manos, le susurra palabras dulces, le muestra cualquier cosa que pueda distraerla de su tristeza, pero hay días que esta tarea resulta complicada .Hoy le puso, balanceándose delante de su rostro,una linda bola de colores brillantes. Blanca la compró para ella en los puestos callejeros de artículos navideños. Al ver la bola, los ojos de Anita resplandecen y su pequeña boca lanza grititos de júbilo. “Es Navidad, es Navidad,”, le dice entonces Blanca, acompañando su sonrisa.

   La hora del baño tampoco es tarea fácil. Hoy, al  recorrer los hombros de Anita con la esponja, le canta, mientras deja correr el agua por su pecho: “Campana sobre campaaana…” Pero a Anita no parece complacerle el baño y llora y protesta de nuevo. A veces, Blanca piensa en dejar este trabajo. Hay días que no tiene fuerzas. Ella posee su propia familia, sus propios hijos, su marido…y cuidar de alguien más es un esfuerzo que en ocasiones la deja extenuada, pero  “No están los tiempos para remilgos” piensa, y continúa cantando mientras termina su tarea: “Belén, campanas de Belén…”, al recorrer con la toalla los pliegues de la piel de Anita, ésta aún la mira enojada… “Venga, venga, que nos vamos de paseo”, le dice  Blanca.

 La hora del paseo es lo mejor del día. Anita, vestida y peinada, parece una reina en su trono de ruedas. Está encantada con los colores, los sonidos, la música de la Navidad, y no protesta en ningún momento. Blanca, de vez en cuando, le abrocha el abrigo, le ajusta la bufanda… “Qué bonito está el árbol del parque, todo lleno de luces de colores eh” le dice cariñosamente, mirándole a los ojos. Anita sonríe alborozada y  aunque no habla, Blanca y ella se comunican, y entre las dos ha surgido, con el tiempo, un lenguaje especial de guiños, caricias, palabras y gestos.

    La noche y la cena son los momentos más duros del día. A menudo, Anita se duerme y no quiere comerse el puré, ni beberse la leche. A veces, Blanca le riñe, otras veces se resigna y le va poniendo la cuchara con mucha delicadeza en la boca, mientras la distrae contándole historietas sobre todo lo que han hecho durante el día, sobre algo que retransmiten en la televisión, o incluso sobre su vida y su país, porque hay momentos en los que  ya no sabe qué contarle. Incluso así, después de  mucha   paciencia, hay noches en las que la comida acaba en el suelo o derramada sobre los brazos cansados de la mujer.

  Finalmente, el sueño de Anita la reconforta. Entonces, sale sigilosamente caminando de puntillas por el dormitorio. Antes de irse, tiene mucho cuidado de no olvidar lo que más le gusta  a Anita al despertarse, que es mirar la foto que hay sobre la cómoda. Blanca coloca cuidadosamente la fotografía, mirando hacia la almohada. Es una imagen en blanco y negro. En ella aparece una mujer muy  joven, con un collar de cuentas de perlas cayéndole con gracia sobre el pecho, mientras sonríe a un señor de bigote al que abraza amorosamente. Es la foto de boda  de  Anita, cuando  era una mujer  hermosa, yllena de juventud … “Qué lastima, lo que es la vida”, piensa Blanca, antes de apagar la luz de la lamparita.

Amores gastronómicos

Me puse rojo como un tomate. Aunque a mí me importó un pimiento y ahora que lo pienso, me importa tres pepinos. Sin embargo, reconozco que esa subida de tono fue la pera, o la repera. Ya me lo decían, cuando seas padre comerás huevos, pero yo pensaba que lo mismo me daba, porque yo al pan, pan y al vino, vino, aunque  sigo pensando que allí hay tomate…No en vano nos tomamos el chocolate de espaldas, que es que esa tipa es la caña, y cuando baila le digo : ” azuucar” y ella: ” vete a freir espárragos” .Auque sé que cuado me escucha se le hace la boca agua . Y no es que yo me haga de miel, porque no  creo que sea muy lista, más bien  la veo de poco coco, más bien  melona, pero no puedo asegurarlo. Su pelo rubio como la cerveza y sus ojos verde, verde limón…ah… se me hace todo gaseosa. Intenté hacerle un poema y me salió un churro ¡ No todo el campo es orégano, leche! y es que  cuando me mira con su boquita de piñón,  y sus labios de fresa, se me pasa todo y dejo de pensar en que es una castaña de tía. Espero que quiera salir conmigo, porque si no, sería ya la guinda que colme el pastel. Me importa un rábano, yo lo intento, porque, aunque merengosa y pastelona, es que…me la comería.