Un mes sin nuestra perrita Bimba

Un mes va a hacer sin nuestra perra… ¿Cómo explicar…? Ya medio mundo sabe que ha desaparecido, que se ha perdido, que nos la  han robado, o que algo ha ocurrido.Es lo único que puedo hacer… que todos sepan que te buscamos.

La echamos mucho de menos. Incluso sentarme a escribir es ya algo diferente. Porque aunque ya solo me visitaba de vez en cuando, durante mucho tiempo se estuvo viniendo a mis rodillas en cuanto yo comenzaba a escribir. Ella detecta que inicio algo tranquilo y placentero, y entonces, posa su cabeza en mis rodillas, y así, quieta, lanzando suspiros, me acompaña.

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No, no humanicé a nuestra perra, aunque ella ocupa un lugar importante en mi vida. Y no la humanicé nunca porque hubiera sido degradarla. Ella, por fortuna, es animal no humano.

Cada objeto de la casa es un recuerdo. Cuando era cachorra, se asustaba de la plancha… y a mí eso me hacía mucha gracia. No sé qué otro animal imaginaba que era aquel ser con rabo largo que bufaba y lanzaba chorros calientes. Pero ella le ladraba muy enfadada y sorprendida. Incluso cuando yo acababa de planchar, ella se acercaba a husmear, sin dejar de ladrar a aquel ser inerte y extraño, y no muy convencida de que el peligro hubiera pasado. Ahora, ya no lo hace. Ha crecido, y la plancha ya es para ella una vieja amistad conocida e inocente.

Hasta la pequeña furgoneta  duele, con la  cama perruna en la parte de atrás… para que pueda viajar con nosotros tan feliz, sin molestar ni ser molestada. Kilómetros mirando por la ventanilla, tan ensimismada como viaja ella siempre contemplando el paisaje.

Y ya un mes sin saber dónde está nuestra perra. Solo puedo dar la lata desde aquí,  buscarte y esperarte. Ya no sé si rezarle a San Antón, a San Roque, a algún ente superior que te devuelva a nuestra casa… mi pequeña Bambi, como te decimos en broma…

 

 

Mis animales…

Primero se comieron a mi pato Pipo, al que yo paseaba metido en un carricoche. Aunque  esto no me lo dijeron, y seguí creyendo la versión que me dio mi madre, la que contaba que vivía feliz en un estanque junto a los cisnes del cuento del “Patito feo”. Después, mi abuela le cortó el cuello al gallo Kirico, y ahí ya no hubo duda. Élla y la vecina hicieron lo que tuvieran que hacerle mientras yo me escondía aterrorizada por la escena.

Mi primera experiencia taurina tampoco pudo ir peor. En el pueblo de mi madre en fiestas, me llevaron a una “charlotada”, que era un espectáculo de toros para niños, con payasos y escenas cómicas. Tuvieron que sacarme del sofocón que me entró. No porque les estuvieran haciendo un especial daño a los animales, les hacían burlas y les tiraban del rabo, pero mi hermana lo sigue contando… cómo tuvieron que sacarme  llorando  con las risas de la gente alrededor, que no comprendían qué me pasaba…

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BIMBA BEBÉ 

Después, los niños de aquel barrio donde vivimos unos años, me hirieron a Perla, mi gata. La metieron en el fondo de unas celosías apiñadas, y la machacaron a palos. Increíble pero cierto. Esto ha ocurrido toda la vida, que los niños se diviertan haciendo este tipo de cosas atroces sin saber por qué, o bueno, más o menos ahora sé por qué hay gente que hace estas cosas.  Mi madre, valiente y decidida, envolvió a la gata en una toalla, y la metió en la bañera para limpiarle la sangre y curarle las heridas. La cuidó con esmero  y logramos sacarla adelante. Pero cuando se quedó preñada y tuvo a sus gatitos, murió. Según mi madre, de lo mal que estaría por dentro. Yo ya había visto a la gata Perla criar a más gatitos. Es algo que nunca se olvida. Algo precioso, así es que cuando la gata murió, me sentí…

Me regalaron, para quitarme las penas, a la gatita Estrella, pero la robaron porque era de angora. Después de más lágrimas me volvieron a regalar otra “Estrella”normal y corriente, que estuvo con nosotros muchísimos años. Era más un perro que una gata, de tan sociable que se mostraba. Después, he tenido conejos, pájaros, patos, peces, y un largo etcétera de animales en casa. También, entre ellos, llegó mi perrita Kira, que vivió con nosotros veinte años hasta que tuvimos que sacrificarla, por pura necesidad de respetar su muerte digna. Y ahí es donde mi madre llora…  llora cuando sacamos el tema. Ella, que no llora por estas cosas…

Ya en mi primer colegio, siendo maestra,  adopté a Letrita, una gatita bebé, abandonada, famélica y mugrienta, que recogí de la calle. No logré salvarla y le hice un poema que se quedaría en alguna parte, y donde le explicaba que nunca la olvidaría… algo que ha  resultado ser cierto.

Después vino Versace, nuestro fantástico y enorme gato salvaje ,que convivió con mis hijos, que tuvo un destino incierto, y por  el que  lloré a mares…Tras él, la gata Mafalda, que aún vive con nosotros. En los últimos años, han convivido también en casa los conejos Nala y Gringo, que se fueron yendo… y por último, el perrito Jarry, consu rápido paso por nuestras vidas, más el dolor de su muerte que aún no se me ha pasado con el tiempo.  Hace tres años llegó a nuestras vidas  Bimba, la perra de mi hija, cariñosa, alegre, pizpireta, simpática… Bimba, desaparecida de forma extraña, y a la que contiuamos buscando sin cesar… desesperadamente, con ese amor desemedido que en mi casa sentimos por nuestros hermanos animales.

 

Sin noticias de Bimba

Llevamos ya tres días sin Bimba. Siempre ha sido curiosa y atrevida, pero nunca nos había dado un susto como este. Se nos ha perdido… no hay consuelo, pero mantenemos la esperanza.

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Nuestra casa siempre fue una casa con mascotas. Así era mi abuelo, así resultó ser mi padre también, y así somos nosotros. Un día llegó a nuestra casa  Jarry, un perrito con una historia de maltrato inconcebible. Tras su muerte, y después de un año de duelo, mi hija adoptó a Bimba, una perrita de una camada de cachorros abandonados. Cuando fuimos a verlos, Bimba salió a nuestro encuentro, pequeñita como una ratón, y pensamos que era ella la que el destino nos ponía  en las manos. Ella y solo ella. Pero criar un cachorro no es fácil, nos causó algunas discusiones y momentos de angustia. Bimba era un trasto insoportable, pero si te miraba… tenías que sucumbir a sus encantos. Así se transformó, con el tiempo, en nuestra amiga, y pasó de ser un juguete… a ser lo que es ahora, una compañera amable, cariñosa, leal. Alguien más de la familia.

Bimba es también una atleta, no tiene raza definida ni sabemos nada de sus padres, pero sí sabemos que es capaz de saltar muros de altura considerable, correr a velocidad increíble, y transmitir una alegría y  una energía que engatusa a todos a su alrededor.

Bimba nos acompañó durante nuestra estancia en Madrid, y fue muy especial para nosotros tenerla a nuestro lado en esos momentos tan importantes.  Allí se convirtió en  asidua del Retiro y también conoció a su amigo Roll, un Dálmata hermoso del que se hizo inseparable.  Ambos, en su historia de amistad, han quedado inmortalizados en un poema.

Este verano fuimos todos juntos a un hotel que aceptaba mascotas. Una tarde la dejamos en el recitno acondicionado para perritos, y cuando llegamos, la recepcionista del hotel nos contó que ,asombrosamente, la perra había saltado la valla y se había presentado en conserjería, así es que  allí nos recibió, saltando feliz por nuestro regreso. No nos lo podíamos creer. Esta anécdota  creo que define su carácter.

No sabemos en la aventura en la que se encontrará, tampoco si ha tenido un destino trágico, aunque evitamos pensar en este último punto. Queremos mantener la esperanza, pensar que alguien la acogió en algún lugar, o que vaga sin rumbo y algún día aparecerá. En cualquier caso, solo quiero pensar que no sufre , o ha sufrido… y mientras, la seguimos queriendo,  la añoramos con dolor, y  vamos a seguir esperándola cada día …

 

Carta de la pequeña María 

Escribir para peques está siendo, sin duda, una de las mejores experiencias  de mi vida. Ayer recibí una carta de una jovencísima lectora de nueve años. María me dice que se se  lee por las noches los poemas y que su preferido es”amigos de corazón”, porque le encantan los perros. Manda un dibujo también. Maravilloso. Sin palabras…

¿Tienen edad tus poemas?

Me hacen esta pregunta a menudo, y me parece muy interesante, así es que me gustaría explicar lo que suelo responder.  Tengo que decir que los niños y niñas tienen intereses que, por lo general, no se corresponden con lo que la mayoría de la sociedad piensa, influida como está por los medios de comunicación, los grandes intereses comerciales y la poca comprensión y la desinformación existente sobre lo que es en realidad el mundo infantil.

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Tras más de veinticinco años trabajando con niños y niñas, puedo decir, en cuanto a literatura infantil se refiere, que todo, o prácticamente todo, me lo han enseñado ellos en mi laboratorio literario de las aulas, donde he trabajado desde la Educación Infantil hasta la Secundaria, esta última durante menos años, pero con la que también he disfrutado muchísimo, a pesar de ser una etapa difícil.

Según mi experiencia, los niños y niñas pequeños ( lo siento, yo escribo así, desdoblando) están en contacto con todas las realidades que nos rodean, aunque su interpretación de lo que están viviendo no sepamos nunca cuál está siendo. Nuestra responsabilidad es, por lo tanto, enorme. Que no sepan interpretar lo que está ocurriendo, no significa que no lo estén pericibendo y no se hagan preguntas. Si les tiras un poquito de la lengua, si les haces sentirse seguros… te preguntarán TODO, TODO, TODO… y ahí es donde surgen mis poemas. Todos están testados “niñológicamente”, se trabajan previamente en el aula con los alumnos y alumnas, y han surgido en respuesta a sus intereses, preguntas y curiosidades generales. Eso no significa que todos tengan que tener los mismos intereses. Por eso hay muchos poemas en mis libros y muchos cuentos donde elegir.

Los niños de tres y cuatro años,  se quedan, en general, con la musicalidad. Eso es lo que les interesa. El poema como  historia con “música” y, de hecho, algunos, con cinco años, les ponen su propia música. Es fascinante… En cuanto al contenido, se quedan con imágenes: un patito que grita y a su familia no le gusta; una niña con dos mamás y se ríe mucho y juega con sus amigas; una niña que está triste porque tiene un bocadillo pequeño; un papá muy fuerte que cuenta cuentos…  Al crecer, es decir, a los pocos meses ( en estos años es así), el mismo niño ya quiere saber más… ” ¿Por qué grita el patito? ” . Y ahí empiezan en mi aula nuestras asamableas filosóficas, que no solo hago yo, sino que sé que hacen muchas de mis compañeras y compañeros, porque forma parte de la metodología de Infantil: “¿ Por qué creéis que puede gritar ese patito? “.  Y ahí, ellos y ellas te dan todas las respuestas: “No quiere comer, está triste,  está en el paro, sus papás no viven juntos…”.

Evidentemente, por poco que sepamos de niños, vemos que por muy maravilloso que sea un cuento, un poema, o un libro, nada sustituye para ellos a un ser humano contando una historia, o leyéndole ese poema o ese cuento. Donde acaba la página empiezas tú como adulto a darle respuestas. En mi caso, forma parte de mi profesión. En la de los padres, forma parte de nuestra responsabiidad como padres…

En cuanto a los poemas sobre temas más delicados, como la transexualidad u otros temas, quizás haya niños a los que no les interese nada un tema en concreto, pero hemos de ser conscientes de que muchos otros tienen hermanos, primas, amiguitos, amigas, vecinos, titos,  que  están pasando por este proceso,  ya sea de divorcio, cambio de sexo, homosexualidad, o que ,en algunos casos, estos temas les estén afectando directamente  a ellos mismos. Si se ven reflejados con respeto en un poema, significa que no son unos “monstruos” como algunos sectores han querido etiquetarlos durante siglos, y aún quieren seguir haciéndolo. Mis niños y niñas me han enseñado esto. Ellos son los que me han empujado a escribir sobre todos estos temas. Si no le interesa un poema, que se lo salten, o como adulto que se los lees, sáltatelo y pasa al que le guste, y responde a lo que te pregunte con respecto a lo que creas que puede entender, no más.

Una maestra a punto de jubilarse me dio un consejo que no olvido: ” No puedes darle a un niño que no mastica un cocido de garbanzos, pero puedes darle un puré con valor energético igual. ¡Ya comerá garbanzos cuando tenga dientes! “. Yo añadiría que  con los poemas es igual. No pienso, a la hora de escribir,  saltarme el valor “energético” de ningún tema que esté alrededor de los niños y niñas y del cual me hagan preguntas, pero trataré de hacerlo de forma que puedan comprenderlo, hasta donde cada uno  pueda hacerlo. Hoy ,un poema a un niño no le interesa, pero dentro de tres meses, cuando vea una noticia, cuando el primo vaya al hospital, cuando su tito se quede en paro… buscará el poema en el que se hablaba de eso. Esta es mi experiencia. Esta es mi respuesta: yo escribo lo que ellas y ellos me piden…

No importa si te equivocas

Es especialmente enternecedora esta imagen que me envía una mamá con uno de mis poemas más populares sobre educación emocional,  y por otra parte, paradójicamente inédito. Está escrito a mano y me parece una idea maravillosa. Son ya varias las familias que me han comentado que han puesto este poema en las puertas, o los frigoríficos ¿Qué más puede pedir alguien que escribe para niños y niñas que estar en los hogares? Es todo un honor. ¡Gracias!