Fragilidad

La primera vez que vi llorar a mis padres fue tras la muerte de un ser querido. Hasta entonces, los adultos no lloraban en mis recuerdos. Las monjas no tenían tetas, las profesoras no tenían vida propia fuera del colegio o los padres no se amaban sexualmente. Los roles adultos estaban marcados fijamente en mi cabeza y no podía adivinar que detrás de esas estampas fijas, se escondían seres humanos tan frágiles y sensibles como la niña que yo era entonces.

Ayer, sentada en un banco con mi perra, volví a recordar todo ese impacto emocional que tuve tras este descubrimiento:  Un anciano, bastante elegante se sentó a mi lado y comenzó a jugar con mi  perra. Parecía alegre, haciéndole carantoñas y mimos, pero de repente, se abrazó a ella y comenzó a llorar. No supe qué hacer en ese instante de sorpresa, y esperé a que se calmara. Entonces le pregunté si es que había perdido recientemente a algún animal u otro ser querido.Me dijo que le disculpara, que no podía evitar las lágrimas, que sí, que había perdido a un perro, pero que esa no era la causa de su aflicción, sino algo muy duro que acababa de ocurrirle en esos momentos. Le pregunté si podía ofrecerle ayuda y dijo que no, que gracias, que solo acariciar mi perra, porque los animales tenían más corazón que los humanos. Y añadió: “Te quiero, te quiero, te adoro, qué mentira más grande, el amor se demuestra con hechos, no con palabras” , y de nuevo se supo a llorar  desconsoladamente. Le dejé estar hasta que se calmó, después me despedí de él tras presentarnos, desearle un buen día y una pronta recuperación de su dolor. Mi perra no dejaba de lamerlo y consolarlo con ternura. Supe, en mi corazón, que aquel anciano sufría un abandono amoroso. Que sus lágrimas eran de amor.

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anciano afligido. Van Gogh

¿Soy yo?

En casa tengo una tigresa de Bengala. Astuta, fiera, y cariñosa, cuando ella quiere serlo. El de una tigresa  es el tamaño que yo pienso que ella se imagina en sí misma, porque en la realidad, es una gata que no abulta nada. Eso sí, su carácter es el de una reina.

Por otro lado, está una pequeña, adorable, mimosa, juguetona y sociable perrita. Se te sube a las faldas como un ratoncito. Porque ése es el tamaño que pienso que ella cree que tiene, a juzgar por cómo se sube y juega, cuando en  realidad es una perra de tamaño considerable que impone cuando la ves. madrastra

Me pregunto si a los humanos nos pasará lo mismo:¿Pensaremos que somos un tigre de Bengala, o una dulce niña  y nos verán los demás de otra forma, nada parecida?

 

 

Animalitos

Hoy ofrecí nuestra cobaya de pelo largo, en adopción, a una familia. Me alegré de poder, al fin, tomar este tipo de decisiones “maduras” que nos devolverán más tiempo e higiene. Al rato de ofrecerla, abrí de nuevo la puerta del coche para decirle a mi amiga, que la daría solamente, si iba a un buen “hogar”. Y volví a alegrarme por poder tomar ya una decisión de mujer curtida en estos temas que antes me afectaban tanto. A  las once de la noche, sin embargo,  me sorprendí a mí misma ofreciendo trocitos de pera a mi amiga de pelo largo y jurándole que nunca la abandonaría. Efectivamente, a mi edad, ya soy una mujer “curtida”, capaz de tomar decisiones sin implicar demasiado los sentimientos. Es evidente…

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Los oídos de Bimba

Nuestra perra está convaleciente. No es nada importante, pero sí  lo necesario como para haberla tenido un tiempo en reposo. No es fácil contemplar, patoso y adormilado, a un animal que normalmente está activo y feliz. Me producía angustia mirarla, aunque sabía que era algo transitorio. Como tenía que quedarse sola, se me ocurrió, que esa primera noche, durante nuestra ausencia, podría hacerle compañía  un poco de música. Sintonicé el canal clásico en un radiocassete jurásico que aún tenemos en casa, y miré a Bimba con entusiasmo. Me pareció una gran idea. Ella se tumbó y me miró con sus ojos dulces, agradeciendo, según yo imaginé, el extraño detalle. No era la primera vez, pero sí la primera  que le ponía música  para consolar una ausencia. Durante la cena en el restaurante, pensé en Bimba y en sus oídos deleitándose con aquella música tan especial. Dejé puesta  una ópera. No sabría decir cual, pero sí que cerré la puerta en un aria, y que continuó escuchándose mientras bajábamos por las escaleras.

Pasada la media noche, y al abrir la puerta, me encontré a una Bimba bastante activa. La música había cambiado en la radio  y un flamenco de lo más pasional inundaba el salón. Ella movió el rabo contenta. Me la imaginé bailando torpemente durante nuestra ausencia. Y reí con ganas… Por su alegría y por la sorpresa musical. Quizás, también, por los vinos, y porque era mi aniversario y venía de celebrarlo con mucha ilusión al lado de la persona a la que amo. A veces, la felicidad se compone de emociones muy simples, que llegan por sorpresa.

Despedidas y reflexiones

Me decía una amiga que no podemos evitar amar para evitar sufrir. Esto no sólo vale para las personas, sino también para los animales. Los que amamos a estos seres hermanos, no podemos evitar sufrir por ellos. Llevo una larga lista de pérdidas que no por ello amortiguan el dolor de la última vez que ocurre. Como me pasa con las personas, necesito tiempo y ritos, acciones y pasos que me ayuden en el camino de la despedida. He leído que los ritos, y la lentitud ante momentos de dolor, son los cojines mullidos que amortiguan los golpes. Eso me ayuda a entender.He encontrado un video que me sirve de homenaje a nuestro amigo perido, J.Aunque no soy vegetariana, hace pensar.

Pincho

El otro día, alguien me contó la historia de Pincho:

Pincho amanecía cada día en un lugar diferente. Vivía en una caravana, y disfrutaba de las luces, el sol, la lluvia y las atracciones de las ferias que visitaba con sus dueños. Pincho era feliz con su vida, madrugaba si le venía en gana, y si no, trasnochaba, presentándose en la puerta de su casa a las tantasde la mañana…y sus dueños, le abrían la puerta. Era un perro bueno y fiel. No podían reprocharle nada. Un buen día, sus dueños, una vez acabada la temporada de feria, decidieron comprarle una correa y pasearlo ” como hace la gente normal” ( me contaba su dueña ) y entonces pasearon a Pincho por la ciudad. Tras unos días de ” normalidad” a Pincho se le comenzaron a agarrotar las patas y dejó de andar, así es que lo llevaron al veterinario. Fue una sopresa… ¡ Pincho estaba deprimido!  era un perrito demasiado libre. Desde ese día, sus dueños decidieron no pasear a Pincho y dejarle con sus costumbres. Ahora vuelve a ser un perrito feliz. Cosas de la vida…

Familiares

Dos ancianas en el parque:

-Ya sabes que desde que me vine, yo es que me acuerdo mucho…

– Pues olvídate ya, anda.

– ¿Están todos bien? Les echo de menos.

– Sí, están todos bien.

– ¿Comen bien?

–  Sí,  que no te preocupes, Morito desaparece por algunos días y luego vuelve.Ya sabes como son los gatos. Blanquita bien, todos bien. Estate tranquila.