La incomprensión

Durante años descubrí que criar sola a una niña con diabetes, despertaba las miradas recelosas de todos. He recibido todas las críticas del mundo, especialmente del colegio, que no tenía ni idea del asunto, claro, y así pasó también con la familia, los amigos, conocidos. Nadie entendía nada. No los juzgo, porque el  que no sabe es como el que no ve. No lo hacían con malicia, solo con ignorancia:”Sobreprotectora”, ” exagerada” , “obsesiva”. Cada una de estas palabras, dichas a veces, con la mejor de ls intenciones, me causaban gran inseguridad. Intentaba por todos los medios ser esa mujer que el colegio y los demás querían que fuera, pero me resultaba imposible, porque cada vez que lo intentaba, los resultados no eran favorables. Y lo intentaba…

Nadie tenía ni la más remota idea de los rigurosos cuidados que requiere la diabetes en la infancia. Las ya famosas noches sin dormir que se prolongan durante años; los desvelos con el peso,  los hidratos, los cálculos de insulina, el ejercicio. Nada, nadie sabía nada. Comparaban la situación con la diabetes de algún abuelo o abuela, de la que tenían referencia, sin darse cuenta de que esa es otro tipo de diabetes.

Miro hacia atrás y descubro a una hija absolutamente responsable de una enfermedad difícil y traicionera, con tan solo nueve años. Ningún protocolo en el colegio, ninguna información a su alrededor, que no fuera el teléfono que nos unía cuando me veía obligada a irme a trabajar o a alguna otra parte sin ella, y que tampoco los demás entendían. Y aún así, nunca era bastante para los ojos críticos de los demás. Nunca lo hacíamos bien. Estábamos “obsesionadas”. Era una madre sola, y ahí entran los prejuicios, las dudas, los clichés.

No quisiera que ningún padre o madre tuviera esta sensación que tuve yo, una sensación terrible, la de la incomprensión, la de hablar otro idioma con los que te rodean, sin que nadie te entienda. Es por eso que estoy metida en un proyecto sobre diabetes del que ya daré más noticias. Muy pronto…

ellen kooi