Mi aula de Infantil con peques”diferentes”

Hablo de mi aula, solo de mi aula: Y es cierto, cuando todos los demás están en silencio, nosotros aún hacemos ruido; cuando otras aulas han recogido todo, nosotros aún tenemos batidos por el suelo y papeles rasgados. Llegamos un poco más tarde a la página prevista, y a todos los sitios, la verdad. Nuestras letras no están tan limpias y perfectas. No borramos tanto para corregir. Vamos a lo esencial. Pura eficacia. Es cierto que interrumpimos constantemente el momento de relajación por ese grito a destiempo; tenemos que parar la explicación porque esa manita furtiva nos cambia la imagen de la pantalla digital. A veces, resoplo. Grito alguna vez. Me caen las gotas de sudor. Me palpita el corazón de ansiedad en algunos momentos  y siento que me agoto… Pero, retomo el aliento cuando veo que mis  niños y niñas de cuatro años saltan de la silla para ayudar a sus compañeros “diferentes” a recoger los papeles, y se lo dicen con ternura… les ayudan también a secarse las lágrimas, a levantarse del suelo. Me recupero cuando se acercan y se toman las manos para ayudarse a terminar el trabajo, cuando les consulean con palabras de cariño y con caricias; cuando los defienden de los peligros. Cuando se abrazan y se besan y se llaman “compis”. Todo lo que digo es cierto y real. Entonces… creo que merece la pena. Porque … ¿De verdad lo que están aprendiendo mis niños y niñas es menos importante que una ficha cateta coloreada a la perfección? No lo creo, no lo creo… creo firmemente en lo que hacemos. Creo en todos. Porque TODOS mis alumnos son perfectos, así, como son.  Y aún más vuelvo a retomar el aliento cuando los papás y mamás que vienen a contar un cuento, lo traen preparado en pictogramas… ahí ya me hincho de orgullo y no me importan los batidos que se caen, las bata llena de mocos  y que nadie desde los despachos altos o bajos, sepa ni le importe siquiera, lo que estamos logrando.

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Propósitos y palabras

Como  firme propósito, me he marcado el de no implicarme en demasiadas actividades que me exijan dedicación.

De repente, sonaron las palabras mágicas: “libros” ,”carnavales” ,”dramatizaciones”, “música” “museos,”   y me vi envuelta en una entusiasta propuesta de ideas suculentas, entre las cuales figuraba la de unas fantásticas ropas y pelucas, con las que podríamos…

 

Edina Sikora

Edina Sikora

 

 

La maestra caperucita

 

A veces, no es nada fácil ser fiel a tus principios. Vivimos tiempos de inquisición.No sé qué hacer ante determinadas situaciones: ¿Tomar el camino más fácil, el que todos esperan y recibir la aceptación de los demás? ¿Hacer lo que siento de verdad aunque eso me lleve a obtener el juicio de algunas personas? Éste es ahora mismo, para mí, un dilema profesional.

Chocarse con muros de piedra, fruto de  años de construcción, cubiertos de  hiedra adherida salvajemente, y cargada de  vestigios de un pasado oscuro…no es fácil. Puedo chocarme,  puedo esquivarlos, pero no puedo entrar por su puerta. Esa puerta no está hecha a mi medida. Y lo que hay dentro no me gusta.

Apuesto por el futuro.Por lo tanto, creo que voy a seguir por el camino por el que he optado. Soy una caperucita que no teme a los lobos feroces.

Caperucita

Vuelve Dulcelina

Aún dormida por los efectos de la feria…abro los ojos lentamente, saboreando una nueva remesa, recién salida del horno, de mis poemillas infantiles y el cuento de Dulcelina. Ahora sí podré seguir antendiendo las demandas que con tanto cariño me están haciendo mis jovencísimos lectores,  amigos, amigas, familia, y nuevos lectores surgidos. Muchísimas gracias a tod@s por esta acogida. ¡Dulcelina, acabará siendo famosa! Por cierto, también están en Todolibros, Boxoyo y CabezaPájaro.

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Las Maestras de la República

 

Si pienso en la primera vez que pisé una escuela como maestra, puedo imaginar la ilusión que desbordaba a aquellas maestras republicanas que invadieron los pueblos de España con el cometido de educar en libertad y desde el corazón a un pueblo sumido en el analfabetismo y la pobreza. Aquellas heroínas, tenían delante un duro panorama que afrontar, pero, probablemente y desde el ” alma” pensaban que todo era posible.

En la escuela de Magisterio, me di cuenta de que no, no eramos tontos ni atrasados. Habíamos tenido grandes educadores, grandes proyectos d educación en nuetro país… entonces…¿ Qué había pasado? ¿Por qué habíamos vivido una escuela tan triste, tan retrógrada? ¿ Por qué mi madre me daba una tila cada mañana para afrontar el miedo que me producía ir a aquel lugar siniestro?

¡ No fue para tanto! me dicen algunas personas… Sí, sí fue para tanto, y además, lo más terrible es que hemos encerrado aquel miedo en el corazón, regándolo para siempre. Es ese miedo  que enfrenta luego a los padres de hoy a los maestros y maestras que somos ahora. Como si ese miedo y ese dolor trataran de vengarse de nosotros, los que ahora estamos ejerciendo, pagando todos el precio de aquella escuela negra y oscura que nos dejó el franquismo. Una escuela con maestros y maestras, muchos de ellos con formación pedagógica y psicológica menos que mediocre, por no decir nefasta,  y que sustituyeron  a los educadores y educadoras que con todo su bagaje cultural y todas sus ilusiones fueron depurados, se exiliaron, o  se consumieron en alguna cárcel o alguna fosa a donde fueron a parar sus huesos tras ser fusilados.

Quizás se entienda todo mucho mejor, cuando se ven documentales como el de las maestras de la República. No, no éramos tontos. Las maestras y los maestros de la República, gente con formación pedagógica y didáctica que trataron de educar en libertad,  existieron. Y desaparecieron… Aunque su espíritu sigue vivo, para quien quiera recoger su testigo, aun en estos malos tiempos para la libertad y para la Escuela Pública.

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El anillo mágico

Le he dicho que la voy a echar de menos cuando se vaya de mi aula y comience primero de primaria. Es imaginativa, dulce, cariñosa y con mucho carácter. “Yo a ti sí, pero tú a mí no”, me ha contestado ella. “¿ Te digo por qué?” ha insistido con una gran sonrisa… ” Porque te he traído este anillo para que te acuerdes de mí y no me eches de menos”. Entonces ha colocado un anillo realizado con un botón de madera de colores en mi dedo anular de la mano izquierda. ” ¡ Por supuesto, no voy a olvidarte, pero con este anillo es cierto que ya no te echaré de menos.” Y ella ha asentido con su cabeza llena de rizos y sus intensos cinco años.