Perdido en la noche

Estaba a los pies del contenedor de cartones. Lo miré fijamente y no podía creérmelo. Estaba vivo, y parecía pedirme auxilio desde el fondo de una gran bolsa de plástico. Miré sus hojitas verdes, mezcladas con algunas secas, la tierra sedienta y agrietada, el tronco dolorido,  y no dudé. Lo monté en el maletero del coche y me lo traje a casa. La última vez que rescaté a un ser  herido de la basura, se trató de un laúd. Las sabias manos de mi tío Teófilo lo devolvieron a la vida, y ahora, es un instrumento con un alma que vibra. Esta semana se trató de un ser muy hermoso. Está bastante desvalido. He podado algunas ramitas secas, lo he regado y he pulverizado con agua fresca las pocas ramas que tiene. No tengo ni idea de cómo se cuida un bonsai y mucho menos, uno herido y abandonado, pero voy a intentarlo. Imagino que si ha llegado a mí, es por alguna razón que iré descubriendo. Bienvenido a casa.

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Despedidas y reflexiones

Me decía una amiga que no podemos evitar amar para evitar sufrir. Esto no sólo vale para las personas, sino también para los animales. Los que amamos a estos seres hermanos, no podemos evitar sufrir por ellos. Llevo una larga lista de pérdidas que no por ello amortiguan el dolor de la última vez que ocurre. Como me pasa con las personas, necesito tiempo y ritos, acciones y pasos que me ayuden en el camino de la despedida. He leído que los ritos, y la lentitud ante momentos de dolor, son los cojines mullidos que amortiguan los golpes. Eso me ayuda a entender.He encontrado un video que me sirve de homenaje a nuestro amigo perido, J.Aunque no soy vegetariana, hace pensar.

Pincho

El otro día, alguien me contó la historia de Pincho:

Pincho amanecía cada día en un lugar diferente. Vivía en una caravana, y disfrutaba de las luces, el sol, la lluvia y las atracciones de las ferias que visitaba con sus dueños. Pincho era feliz con su vida, madrugaba si le venía en gana, y si no, trasnochaba, presentándose en la puerta de su casa a las tantasde la mañana…y sus dueños, le abrían la puerta. Era un perro bueno y fiel. No podían reprocharle nada. Un buen día, sus dueños, una vez acabada la temporada de feria, decidieron comprarle una correa y pasearlo ” como hace la gente normal” ( me contaba su dueña ) y entonces pasearon a Pincho por la ciudad. Tras unos días de ” normalidad” a Pincho se le comenzaron a agarrotar las patas y dejó de andar, así es que lo llevaron al veterinario. Fue una sopresa… ¡ Pincho estaba deprimido!  era un perrito demasiado libre. Desde ese día, sus dueños decidieron no pasear a Pincho y dejarle con sus costumbres. Ahora vuelve a ser un perrito feliz. Cosas de la vida…

Sus voces

Hay mensajes  en el tono de la voz que dicen  mucho más que las mismas palabras. Quizás nadie entiende tanto de esto como una madre. Puedo detectar el estado de ánimo:  la inquietud, la tristeza,  el miedo, la alegría, con una sola palabra de mis hijos  que suene al otro lado de un teléfono, un portero automático o cualquier otro sistema que me permita escucharla.  Imagino que las madres venimos dotadas de este sistema de reconocimiento, y que lo entrenamos a través de siglos de experiencia. Años compuestos de muchas horas estudiando a nuestros hijos.  Cuando lo he comentado, todas las madres han estado de acuerdo. Es una de las tantas funciones que guarda el poder especial de la maternidad. Aún me sorprendo de poseerlo y  de reconocer en él  tanta exactitud como la de un instrumento de precicisión.

Y de pronto, la felicidad

Hace poco viví una experiencia que me gustaría compartir:

Imagino que mucha gente habrá pasado por lo mismo. Me refiero a un susto médico, ese malestar  producido  más por los efectos del miedo que por la misma realidad. Algo que piensas que puede ser… y al final, afortunadamente, no es.  Me va a ser difícil explicar con palabras  la sensación, la alegría, y el placer que se siente en esos momentos. Quizás sea comparable a cuando te toca la lotería ( no lo sé), pero por más que intente explicarlo, más indescriptible me resulta.

He pasado los suficientes momentos de experiencia en la vida, como para saber ( aunque siempre lo supe)  que la felicidad no se circunscribe al ámbito del dinero, y por extensión a todo lo material que pueda ofrecerte: casas, viajes, coches, etc, etc. Pero quizás, hay momentos especiales  que sirven como resorte a los pensamientos para que te ayuden a recordarlo.  De repente… todo es maravilloso:

Tu familia, tu casa, tu trabajo, tus amigos y hasta tus problemas…son lo mejor del mundo. Es una pérdida absoluta de la perspectiva  y de la objetividad ( o una recuperación de las verdaderas); algo parecido a los efectos del amor. Una sensación maravillosa, que pienso disfrutar al máximo y que espero no olvidar a partir de ahora.

Por gusto

Cuando era pequeña, pensaba que los ” pobres” entre los que evidentemente no me incluía, tenían muy mal gusto.  Eso se remonta a la época en la que mi pensamiento era aún mágico y las personas podían cambiar de estado  y de economía con sólo desearlo.

Lo más sorprendente es encontrar gente que opine igual después de la jubilación. Y que hace meses tuviera que discutir con alguien el tema de la higiene, que mi interlocutora decía que era cuestión de principios, no de economía. Mi indignación no tuvo límites, pero me contuve. Pregunté entonces a mi hijo, a otros niños,  y a 0tras personas qué pensaban sobre el asunto. Todos estaban de acuerdo, por supuesto,  en la relación inmediata entre la higiene y los recursos, pero pensé que igual yo estaba chalada. Recuerdo especialmente las palabras castizas de una de mis amigas:

” Que le corten el agua por no poder pagarla, a ver cómo coño se lavan tantas veces  ella, los hijos, la ropa y la casa, y que le corten la electricidad, que….” etc etc.

Ahora escribo esto porque me están encantando los juegos olímpicos.  No digo que otros años no me gustaran, pero imagino que me ocurre como a mucha gente. Si encuentras momentos de ocio y descanso ( que ya es difícil para muchos, sin que sea obligado)  y piensas en salir al cine,  calculas los gastos y optas mejor por quedarte viendo los juegos. Si piensas en alquilar una peli, mejor me quedo viendo los juegos. Si piensas en salir a tomar algo… pues lo dejas para el finde y mejor ves los juegos…y así muchas veces.

Mi querida señora jubilada, aquella  de lo de la higiene, me diría  que los gustos son los gustos.

No, señora. Los gustos como todo en la vida están condicionados por nuestras circunstancias. Y usted ha pasado por la vida sin enterarse de nada, por eso piensa como piensa. Como usted piensan muchos,  los que no conocen para nada las realidades sociales. Para mí, ver los juegos Olímpicos sigue siendo una opción, afortunadamente.  Tener opciones y poder elegir es el lujo de nuestro tiempo. Porque lo demás escasea, sobre todo  la educación, la moral y la conciencia.